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¿Un descanso, o miedo?

  • Foto del escritor: Juan Sebastian Leon
    Juan Sebastian Leon
  • 22 feb 2019
  • 4 Min. de lectura

Hoy en día todos tenemos un “chip” en nuestra cabeza que nos dice que debemos ser alguien en la vida, que nos debemos graduar a cierta edad, casarnos y tener hijos para que seamos excelentes personas y no nos digan que estamos “quedados” porque hoy en día el 50% de las personas viven con afán y viven la vida a cierta velocidad que puede o no ser conveniente, el mundo está lleno de personas que tal vez quieren ser alguien pero no algo, no hay nada de malo en ser músico, artista, médico o abogado pero ¿queremos ser alguien con un título o queremos tener una visión filtrada con la opinión Dios? Nuestra visión personal a lo que queremos ser siempre va a ser enorme, nos vamos a imaginar en lo más alto sin temor a caer y nuestra misión será ser los mejores en todo lo que hacemos pero la visión de Dios siempre será el proceso, jamás es la meta, a Dios le importa más el ¿por qué? Y ¿para qué? Él no está interesado en que seamos alguien para el mundo común, él quiere hacer de nosotros una herramienta que él pueda utilizar, somos parte de una historia más grande, una narrativa que todavía está siendo escrita, siempre hay más, por eso ¿Cuál es el afán? Cuando vamos más allá de lo normal y nos enfocamos en buscar lo que nuestro creador desea, nos encontramos con una pieza fundamental para toda nuestra vida: su voluntad. Cuando descubrimos esa voluntad vamos a comenzar a obtener la perspectiva de Dios, vamos a ver las cosas como él las ve. “estamos juntamente crucificados con Cristo, ya no vivimos nosotros, él vive en nosotros.” (Gálatas 2:20). Cuando descansamos en su voluntad vamos a ver que avanzamos a un lugar que no cambia de manos, en el que todo se repara, descubrimos el dulce aroma de su presencia, comenzamos a soñar con morar en él, estar con él, donde todo es perfecto y lo más importante de todo es que vemos la historia a pedazos, Dios la ve como parte de un todo perfectamente integrado. En la palabra Pablo nos deja un mensaje que reúne todo lo que Dios desea para nosotros, lo resume en que nuestra vida es demasiado significativa pero no se trata de correr rápido sino de saber correr, Dios desde antes de crearnos dibujo en su libro celestial nuestras vidas, desde que nacemos hasta que morimos pero en su libro jamás se dibujó el mismo ¿porque? Porque nosotros mismos somos los que lo dibujamos en nuestra vida, somos nosotros los que le damos permiso de entrar a cada uno de nosotros, Dios hoy nos dice que la vida es su novela, dejemos que el la escriba pero no se nos puede olvidar que aunque él sea el director debemos darle el papel protagónico en todo momento y si, nuestra vida puede ser muy significativa pero debemos ver la voluntad de Dios como parte de su gran diseño, recibiremos consuelo en su plan y en su presencia. Veámoslo como una carrera, en la que Dios corre a nuestro lado, al inicio sonreímos y vamos de su mano pero cuando el mundo y la vida misma nos obliga a ir más rápido nos volvemos orgullosos e intentamos todo lo que esté a nuestro alcance para llegar a la meta, corremos tan rápido que en vez de derribar los obstáculos, caemos en ellos, pero ¿lo importante es llegar, no? por fin llega el tan anhelado día de llegar a la meta y nos sentimos tan victoriosos y llenos de felicidad que ya no creemos ni en nosotros mismos, pero ahí es cuando llega Dios y nos dice: hace 100 vueltas que me dejaste atrás. ¿Queremos llegar al cielo y que Dios nos diga que nos faltó? ¿O queremos respetar el proceso de la carrera llamada vida? sin soltar a Dios ni un segundo, sin saltarnos los obstáculos sino derribarlos con su ayuda. Debemos entender que aunque el mundo nos presione y nos lleve a buscar la meta pasando por encima, no se nos puede olvidar que nos debe preocupar más su gloria que nuestro alivio. Dios hace su obra a su manera, el voltea en nuestra dirección, abre sus brazos y nos acerca a él, pero debemos rendirnos al proceso y buscar su gloria por sobre todo. “¿no se dan cuenta de que en una carrera todos corren, pero solo una persona se lleva el premio? ¡Así que corran para ganar! Todos los atletas se entrenan con disciplina. Lo hacen para ganar un premio que se desvanecerá, pero nosotros lo hacemos por un premio eterno. Por eso yo corro cada paso con un propósito. No solo doy golpes al aire”. (1 Corintios 9:24-25). Cuando dejamos de vernos como parte del gran plan de Dios y solo lo vemos como un facilitador vamos a quedar en riesgo y desconectados, nosotros somos más que la suma de ladrillos que podemos hacer, nuestros logros no dictan nuestro valor, hay un trabajo que sustituye cualquier recompensa terrenal, para el que confía en sí mismo la fe es pereza, pero no para Dios, el desea que nuestro valor sea equivalente a nuestro deseo de adorarlo, él quiere saber que nuestro deseo por él no es pereza, es confianza, confiar en Dios por estas cosas no nos hace “menos que” confianza no es pereza, es creer en un propósito más grande que hacer ladrillos. La voluntad de Dios lo requiere a él, no se trata de bajar a Dios a nuestros sueños, se trata de elevar nuestros sueños y que sean filtrados con la sangre de Jesús, él nos guiará a su voluntad cuando corramos hacia él. “Los planes del señor permanecerán para siempre y jamás serán frustrados” (Salmo 33:11) Las bondades de Dios son nuevas cada día, el que lo creó todo nos sustenta a todos con atención singular, debemos seguir creyendo en él y esa verdad se aplicará a nuestras vidas, nosotros no somos uno más, sino hijos que Dios sostiene en su mano para que cada uno recibamos atención especial.


“Este caminar es por fe, que hay que aprender que es más aventurado creer sin ver. Yo no creo porque veo, yo veo porque en él creo”.






 
 
 

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