El amor de Dios
- Juan Sebastian Leon

- 24 dic 2018
- 4 Min. de lectura
Todos nosotros nos enfocamos en encontrar el amor de Dios en todo momento, pero ¿Realmente buscamos eso? O tratamos de disfrazar el amor de Dios con cisternas rotas o felicidades pasajeras sabiendo que Dios es el único que puede llenarnos completamente. Un día una compañera me comento que estaba triste, debido a que un hombre o “pretendiente” no le prestaba toda la atención que ella supuestamente merecía de él, me hablaba desesperada y triste debido a esta situación y la verdad es que si la veía muy decaída por lo que estaba pasando, me decía que se había alejado de Dios, que no quería orar, no quería seguir adelante por que no había encontrado “el amor”. Al finalizar la conversación le hice una sola pregunta, ¿Tu buscabas amor para saciarte o para completarte? Porque muchas veces buscamos amor en otras cosas o incluso en personas tratando de saciar una necesidad en nosotros, que puede estar atada a la soledad, tristeza y sentimientos que nos llevan a desesperarnos y no saber qué hacer. La felicidad que nos completa está en Dios, la que nos sacia es la del mundo. Lo podemos ver en (Mateo 6:33) “Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás y lleven una vida justa, y él les dará todo lo que necesiten”. Dios nos invita a buscarlo de todo corazón, que él sea lo primero en nuestras vidas sin importar nada más, a que confiemos de todo corazón en él y en sus promesas, a que seamos fieles a sus mandatos y preceptos, a generar una dependencia de él tan inimaginable que podamos llegar a decir que no vamos a participar en algo en lo que Dios no esté y en no hacer algo que a él no le agrade. Continua el versículo diciendo “Y él les dará TODO lo que necesiten”, él va a conceder todos los deseos de nuestro corazón siempre y cuando él vaya primero en todo lo que hagamos, no debemos cansarnos de buscar su amor. Dios nos dice que son bienaventurados los pobres de Espíritu porque de ellos es el reino de los cielos, pero acá Dios no nos habla de gente orgullosa o que se aferra a sus propias opiniones, los pobres de Espíritu son aquellos que jamás se apartan de él y que nunca se rinden en buscar lo que es de Dios, son capaces de soltar sus pensamientos y obedecen la perfecta obra del Señor. Dios tiene sus propios planes y pasos a seguir para nuestras vidas, sólo si soltamos nuestra propia vida y nos sumergimos en su Espíritu vamos a estar realmente completos, vamos a llenarnos tanto de Dios que su amor se verá reflejado en nuestro día a día, en todas nuestras actitudes. Dios nos invita a entregarnos totalmente a él, sin importar nada más, nosotros somos la vasija de barro que es moldeada por el artesano, solo Dios tiene la capacidad de completarnos, de quitar ese miedo a amar, a dar amor a otros, pero primero debemos trabajar en nosotros, porque debemos pensar algo, lo que hoy eres es lo que van a ser tus hijos y toda tu descendencia el día de mañana, pero la buena noticia es que Dios restaura y cambia vidas, rompe maldiciones y da segundas oportunidades, entreguémonos y rindámonos ante él y empezaremos a sembrar lo que mañana queremos cosechar. ¿Queremos cosechar amor? Sembremos amor, pero solo edificado bajo la palabra de Dios, ¿Queremos ser felices? Empecemos a ser felices nosotros solos en Dios, porque cuando la felicidad viene de otra persona o cosas materiales se llama felicidad vacía, pero cuando la felicidad viene de Dios se llama relación. Debemos creer que a Dios no le importa cuántos errores hemos cometido, o cuanto pecado llevamos en nosotros, a Dios le importa que nos acerquemos a él con un corazón humilde, dispuesto y con mucha sed de él, porque la palabra dice que si bebemos del agua que él nos da, no volveremos a tener sed jamás ¿Queremos tener amor completo? Bebamos del agua que el Señor nos da, deleitémonos en él. El amor de Dios no se soporta, se disfruta en todo momento, no podemos ser miserables en la casa de Dios y “felices” en el mundo, Jesús vino para darnos vida en abundancia, él es el primer interesado en que nosotros nos regocijemos en su amor. Dejemos de ver a Dios como alguien que se enoja fácilmente y que está a miles de kilómetros, más bien comencemos a verlo como nuestro papá, como nuestro mejor amigo. Empecemos a buscar el amor verdadero, el amor de Dios, porque el jamás nos falla, jamás nos abandona, que sin nosotros amarlo él ya nos amaba primero, que nos perdona, nos limpia y es el único que nos llena, ese si es el amor verdadero.
Pero el que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor. Dios mostró cuánto nos ama al enviar a su único Hijo al mundo, para que tengamos vida eterna por medio de él. En esto consiste el amor verdadero: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio para quitar nuestros pecados. (1 Juan 4:8-10)



Comentarios